29 marzo, 2016 0

Si en el post anterior decíamos que el contenido en internet es el rey, estableciendo el símil, podríamos afirmar perfectamente que las redes sociales son la reina. Y es que, por mucho que tengamos una página web adaptative atractiva y usable con un blog actualizado semanalmente con contenido que posiciona e interesa a nuestro público, sin un pequeño empujón a nuestros textos, nos costará más tiempo hacerlo circular.

Hace algunos años, cuando las redes sociales aún no habían despertado, aquellos que ya nos adentramos en el diseño de páginas web y la publicación de contenido especializado con un target muy específico, teníamos que movernos a través de contactos en páginas web amigas y, sobre todo, foros donde se concentraba nuestro público objetivo. Los resultados eran notables, una publicación en uno de ellos invitando a leer la última publicación de la web hacía que las estadísticas se disparasen y, con el tiempo, conseguías afianzar tu público.
Hoy en día, el papel que antaño hacían los foros de debate lo suplen en gran medida las redes sociales. El funcionamiento es bastante similar: el autor del artículo lo comparte en sus redes sociales (ya sea desde perfiles personales como páginas de empresa) y sus seguidores e internautas en general, se encargan de viralizarlo y hacerlo circular por sus propios círculos.
El funcionamiento parece bastante simple y, por sí solo, lo cierto es que lo es. Sin embargo, muchos de los que se animan a crear el contenido por sí mismos y a gestionar sus propias redes sociales se encuentran con las barreras más habituales:
1.- ¿Por qué nadie me lee?
2.- ¿Qué hago si empiezo de cero y no tengo seguidores?
3.- ¿Cuándo y cómo debo compartir el contenido?
4.- ¿Cómo se traduce mi trabajo en ventas?
5.- No sé qué y cómo escribir.
6.- ¿Soy un spammer?
Y sólo es una selección de las seis preguntas más habituales con las que nos encontramos cada semana por parte de muchas empresas. La falta de una línea clara de publicaciones, junto al poco tiempo para desempeñar la tarea y el llegar a un punto en el que la persona en cuestión no sabe muy bien a dónde ir acaba haciendo mella en una comunidad fría, poco comprometida y que, en muchos casos, ni se traduce en ventas ni en afianzamiento.
Cierto es que el “do it yourself” o “hazlo tú mismo” es más económico pero, ¿acaso tu tiempo no tiene un valor? No nos engañemos, perder el tiempo dando palos de ciego también es perder el dinero. Solicita ayuda.
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